Entre Julio y agosto, de los años escolares de los chicos, vivimos una etapa retadora llamada “vacaciones de verano”
Uso el término con toda la propiedad, ya que es la que más se acerca al modo de vida de esos días.
Toda acción desde que amanece, es un reto;
Hacer el desayuno en tiempo récord, no permitir que vean tanta pantalla, hacer la comida, atender algún quehacer pendiente, todo antes de las 2 pm.
Cuando vives la realidad de una maternidad neurodiversa (así le llaman) el cuento de las vacaciones no es como muchos de nosotros pudimos disfrutar. Extraño a mis abuelos.
Te mandaban 15 días y hasta un mes, a casa de tus abuelos; de verdad que era genial. Salir totalmente de tu zona de confort, estando al cuidado militar de tu abuela y disfrutando de la forma diversa en la que nos daba cariño.
Ahora a los niños de esta época, se les busca campamento de verano, terapias divertidas y demás actividades que aunque otros no lo digan, son agotadoras para los padres.
Aquí puedo decir que ha sido todo un reto para mí paciencia; papá se accidentó y junto con los chicos fue un mes de sobrecarga. Pensé que me iba a dar una vaina.
Na’ aquí seguimos, vivito’ y coleando…
Seguimos.